No se lo digas a nadie

miércoles, septiembre 23, 2009

La necesidad de llorar


4 días...Tantos acontecimientos, de nuevo en la encrucijada de la vida. Bodas, nacimientos, cumpleaños, rupturas, muertes, viajes... Como dijo alguien alguna vez, la vida no es sino un cúmulo de accidentes. Y son asi las 2.30 de la madrugada, de un día más en el que he estado completamente solo. Y en estos momentos de soledad me vengo abajo. Después de todos mis errores, de todos mis momentos bajos, de las traiciones y mentiras... de todo eso de lo que me avergüenzo y me arrepiento... viene la necesidad de llorar. Llorar en soledad. Llorar por el ser amado, por mi persona especial, llorar por la lejanía de mis familiares queridos, de mis verdaderos amigos, llorar por la soledad cuando no es deseada, por el vacío y por la culpa, llorar por los que ya no están y echo tanto de menos, llorar por el tedio, la desazón y el hastío de sentir que la vida se escapa y que siento no poder disfrutar como tendría. Mi eterna lucha contra la voluntad, con la energía vital, los altibajos, los ir y venir por el carrusel de mis emociones sin ton ni son, sin control... Pero el peor momento del día en estos momentos es entrar en nuestra cama y sentir la frialdad de que Esa no está a mi lado. Me doy cuenta que en el fondo estamos hechos el uno para el otro. Nadie me ha querido de forma tan generosa en mi vida. Nadie lo hará. Siempre ha estado en lo bueno y en lo malo, me ha sido siempre sincero, me ha perdonado, me ha entendido y me ha aceptado. Y yo sigo sin estar a la altura, a su altura. Ojalá pudiera darle la mitad de lo que él me da a mi. Muchas veces siento que me alejo tanto de él quenunca podré volver a su lado. Eso me aterroriza, sé que si le perdiera sería algo que no podría superar, estoy convencido de ello. Sé que si le pierdo, no habrá otro comienzo. A pesar de la separación ahora le siento cerca mía, pero no puedo evitar llorar cada noche desde que se fue a su país cuando me acuesto y añoro su presencia. Lloro porque tengo miedo, mucho miedo. Miedo de que ya no quiera bailar conmigo nunca más.